Y vaya que sí es un momento que vale la pena comentar para reflexionar; y es que estamos viviendo un cambio de era en la época de la humanidad; ni más, ni menos. ¿Cómo le llamarán las futuras generaciones a esta nueva era? Probablemente la de la Inteligencia Artificial o superinteligencia, dependiendo de a quién le pregunten. Mientras los gurúes de la AI debaten el tomar un respiro en el vertiginoso avance de la nueva tecnología para evitar daños irreparables para la humanidad, los líderes de China y los Estados Unidos comparten sus opiniones, pero no se comprometen a escuchar esa llamada de atención, que, viniendo de quienes vienen, la verdad es que sí asusta un poco.
Lo más probable es que sean los mismos desarrolladores de las nuevas tecnologías quienes deban hacerse responsables de la seguridad de sus productos. No veo cómo gobierno alguno pueda definir qué hacer y cómo, y mucho menos vigilar que así se haga; tampoco veo a China ni a los EE. UU. permitir que se detenga o se avance más lento, ya que ambos quieren ganar esta carrera.

Lo que sí me queda muy claro es que el mundo avanza a pasos muy rápidos en la adopción de la AI, ya sea con el enfoque de los EE. UU., liderado por las grandes empresas que han invertido colosales cantidades de dinero en la infraestructura y desarrollo de sus productos, para llevarlos a un nivel de excelencia y poder ofrecerlos a sus clientes a precios que les resulten de gran beneficio, o con el enfoque chino de ser sistemas abiertos, de mucho menor costo y al alcance de cualquiera, que no serán de excelencia operativa como los americanos, pero “suficientes” para hacer la tarea.

A propósito, ¿ya tienes tu propio agente de AI? Si no es así, te estás tardando.
Y ante esta enorme ola de crecimiento provocado por la AI, con los grandes riesgos y oportunidades que trae consigo, y la continua locura de Trump que mantiene al mundo en vilo, sin tener claro qué hacer, ya sea por su ánimo bélico contra Irán o su protagonismo hegemónico abriendo luchas comerciales por todas partes, los mercados han enviado señales muy claras.

Una, que el crecimiento de la enorme deuda de los EE. UU. es insostenible, y por ello la continua alza de la tasa de interés de los bonos del Tesoro; otra señal, que a pesar de todas las advertencias de Trump a la Fed, esta subió su tasa de referencia en 250 puntos base, buscando prevenir un alza en la inflación y reafirmando su independencia del ejecutivo americano; y por último, que el mercado de valores, principalmente el americano, el más grande, sigue su tendencia al alza a pesar de todo lo negativo que ha pasado y los peligros que enfrenta.
En nuestro país, las cosas se mantienen igual. Es decir, la violencia provocada por el crimen organizado, aunque ha disminuido un poco, sigue siendo uno de los principales problemas. La corrupción simplemente no existe a los ojos de la 4T, pero es un mal que crece y padecemos todos los días. El país se mantiene estancado, no crece. Porque crecimientos de 1 o 2% simplemente no son suficientes para el bienestar de todos los mexicanos. Pero es imposible crecer cuando no hay inversión, y la inversión no se dará mientras no exista confianza y persistan las circunstancias de corrupción, impunidad, inseguridad y falta de Estado de derecho.
Ante la falta de crecimiento del PIB, los gastos monumentales e ineficientes (Tren Maya, Bienestar, AIFA, Dos Bocas, PEMEX, Mexicana, etc.) y el crecimiento del pasivo para financiar todo esto, la deuda mexicana se encuentra en revisión y en cuidados intensivos.
Y la palanca que esperábamos ilusionados, que Trump presionaría a Claudia Sheinbaum para sacar a los políticos vinculados con el narco, simplemente se ha estrellado contra la pared de la soberanía nacional. No ha sido posible, ya no digamos extraditar a Rocha Moya y compañía, sino investigarlos conforme a las acusaciones recibidas por parte de la justicia norteamericana. Nuestra presidenta los ha declarado inocentes antes de cualquier investigación. Igualito que a Ruffo, acusado de ser líder huachicolero.

Así las cosas, en 17 estados del país nos preparamos para llevar a cabo elecciones para gobernador. Con una oposición desaparecida, ya que solo existe división entre los de Morena, a ver cómo nos va. En Nuevo León, los candidatos más probables son Adrián (probablemente en coalición PRI/PAN), Mariana (o Colosio, si este decide no competir por Sonora con MC) y Clara Luz Flores (Morena). Pobre NL, con tan flaca caballada.
Rafael Gómez Eng
Septiembre 29, 2026




